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miércoles, 8 de marzo de 2017

“Les traigo una opción”: Game of Thrones ayuda a pensar la educación

La frase que inspira esta reflexión es pronunciada por Daenerys Targaryen en el capítulo tres de la cuarta temporada de la serie Game Of Thrones de HBO, mientras se dirige a los esclavos de la ciudad de Meereen. Lo hace porque tiene claro que la dominación ejercida por los ‘maestros’ sobre sus ‘esclavos’ ha contribuido siempre a la construcción de la grandeza de los diferentes pueblos por los que ha pasado y liberado, a lo cual ella considera que la opción que trae, es una respuesta eficaz de transformación. En otras palabras: ella sabe que con el esfuerzo de los trabajadores (cuyas remuneraciones, en caso de tenerlas, no han sido las más justas históricamente) se logra levantar la economía de un país, sostener la vida de la sociedad y mantener el nivel de vida de los que están arriba, de quienes son los nobles, los “de buena familia”, en fin quienes controlan el status quo; sin embargo, la opción es que esto es posible cambiarlo.

Pero esto es algo que no es nuevo. Ya Marx, por ejemplo, lo había explicado en otros términos ‘Burguesía’ y ‘Proletariado’; muchos más de igual manera, que han soñado con otra realidad posible, han contribuido con sendas reflexiones. A continuación elaboro la mía.

Para contextualizar un poco, partimos del audiovisual. Daenerys Targaryen y su ejército llegan a la ciudad de Meereen en la que el mejor soldado reta en duelo a muerte al mejor de los soldados de Daenerys, ante lo cual delega a Daario Naharis para dicha tarea. Él vence al mejor soldado de la ciudad sin mucho esfuerzo humillando a la ciudad de Meerenn; acto seguido por un discurso de Daenerys dirigido a los esclavos de la ciudad en el que les dice:

Soy Daenerys Stornoborn. Sus amos tal vez les han dicho mentiras sobre mí, o tal vez no les han dicho nada. Eso no importa. No tengo nada que decirles. Les hablo a ustedes [esclavos]. Primero fui a Astapor. Los que eran esclavos en Astapor ahora están detrás de mí, ¡libres! Luego fui a Yunkai. Los que eran esclavos en Yunkai, ahora están detrás de mí, ¡libres! Ahora he venido a Meereen. No soy su enemigo. Su enemigo está a su lado. Su enemigo les roba y asesina a sus hijos. Su enemigo no tiene para ustedes más que cadenas y sufrimiento, y órdenes. Yo no les traigo órdenes. Les traigo una opción. Y le traigo a sus enemigos lo que se merecen: ¡fuego! (GT 4, 3)[1].

Finalizado su discurso, ordena que se catapulten los grilletes y cadenas que apresaban a los esclavos de los pueblos que había liberado. Éstos caen en el suelo de la ciudad Meereen, a los pies de los esclavos, quienes comprenden ahí la opción que les traía Daenerys. Por medio de este relato pretendo hacer una breve reflexión en torno a la sociedad en la que vivimos y la educación que se desarrolla en función de la misma. Pensar situaciones específicas sin duda contribuye a generar aportes que permitan viabilizar espacios de más justicia y solidaridad.

Quisiera recurrir a una reflexión de la que Marx se vale para concretar su propuesta filosófica. Me refiero, sin más preámbulo, a la Dialéctica del Amo y el Esclavo de Hegel (DAE). En la Fenomenología del Espíritu (Hegel 2003 [1807]) encontramos un pasaje extraordinario en el que el autor explica el origen de la historia, el origen mismo de las relaciones humanas. En ella Hegel narra el combate a muerte de dos conciencias que buscan sobreponerse la una a la otra, de donde una (E), al experimentar el miedo a morir como algo superior a su deseo de dominar a la otra conciencia (A), cede y termina siendo sometida por la otra conciencia (A); es decir, en sentido contrario, en esta contienda, una de las conciencias (A) somete a la otra conciencia porque su deseo de dominar fue mayor que su miedo a morir. Ahí quedan constituidas las conciencias: una como el Amo (A) y la otra como el Esclavo (E). Así es como explica Hegel el origen de las relaciones humanas y, por ende, de las relaciones sociales. Hay un grupo que se ha sobrepuesto a otro valiéndose del miedo infundido a este último.

El relato del filósofo no termina ahí. Posteriormente dice que la conciencia convertida en Amo (A) se dedica al ocio debido a que tiene al Esclavo (E) para que trabaje por él, lo sirva, atienda sus demandas, etc. Por su parte, E ha asumido su condición y se dedica a servir a A trabajando, sirviéndolo, atendiendo a sus demandas, realizando todas las acciones que él no quiere hacer. Esto significa que E aprende a trabajar con la materia (con las cosas existentes: tierra, agua, piedra, fuego, etc) porque tiene que satisfacer las necesidades de A debido al sometimiento que padece. Hegel nos dice que es así como nace la cultura humana; es decir, la cultura que es todo aquello que el ser humano realiza con la materia (arte, herramientas, tecnología) y con las ideas (lenguaje, filosofía, ciencia). Por tanto, quien trabaja con la materia es quien construye la cultura, se humaniza, se cultiva; esto provoca que se cambien los roles porque ahora es E quien conoce cómo trabajar la materia, cómo hacer cultura y A es quien simplemente se conforma con lo que E le da.

Esta es una explicación muy superficial de la dialéctica del amo y el esclavo (DAE) de Hegel, pero considero que sirve para pensar algunas cosas. Hay muchos escenarios a los que se puede aplicar la DAE. Ya Marx lo hace de forma brillante con la sociedad capitalista, en la que el amo (la burguesía) ha sometido al esclavo (el proletariado); el punto es que el proletariado no tiene conciencia de esta realidad, no tiene conciencia de que está siendo sometido y, menos aún, de que es quien construye la cultura. Pero esto último es algo que “no tiene que pasar”, porque si pasa entonces la burguesía perdería su condición de Amo, por lo que, según Althusser (Althusser 1976), ha desarrollado una serie de aparatos ideológicos de estado (AIE) para la reproducción de las relaciones de producción. Sin embargo, quiero apegarme a la reflexión que hace Paulo Freire a partir de este pasaje hegeliano, aplicándolo a la educación y a la contradicción entre el educador y el educando (el amo y el esclavo) en la educación bancaria (relación de opresión).

Dos de las obras principales de Paulo Freire son las denominadas La educación como práctica de la Libertad (2010)  y Pedagogía del Oprimido (2005). En ellas el autor hace una descripción de la relación de opresión que se ha desarrollado en su contexto (Brasil años 70 y 80, y América Latina en general) por medio de lo que él denomina “Educación Bancaria” en la que se evidencia la contradicción Educador-Educando. La educación bancaria se caracteriza por el dominio ejercido por el Educador (A) sobre el Educando (E) en donde el primero deposita su saber en el segundo (como en una transacción bancaria) al que considera como un recipiente vacío al que hay que llenar porque, según su apreciación, el educando no sabe, no conoce, no puede. En palabras de Freire: el educando está sumergido en la “intransitividad de conciencia” y lo que es necesario hacer es que transite hacia la conciencia crítica. No obstante, éste tránsito pasa por una fase intermedia, o sea la conciencia ingenua; es decir, el educando podrá superar su condición de oprimido en tanto que haga su paso de la intransitividad de conciencia hacia la conciencia crítica.

Entonces, la educación debe ser la opción que viabilice este tránsito. Si bien la educación bancaria es el medio de opresión, la educación como proceso político siempre en construcción tiene que constituirse como aquella herramienta por la cual el ser humano, el educando y también el educador, (en palabras de Freire) se liberen juntos mediados por el mundo. Para esto es necesario buscar los medios, pensar las situaciones y construir los caminos para poder transitarlos. Haciendo cultura, trabajando la materia que tenemos y también las ideas que pensamos, es posible ejercer la libertad. La libertad no es algo que se conquista, no es algo que se posee, sino algo que se ejerce por medio de prácticas. La educación es una práctica a la  que, por tanto, la debemos constituir por medio de la reflexión, de la crítica, de una conciencia crítica en su dimensión política; es decir, éticamente. Debemos entender a la educación entonces como una práctica de libertad, ya que como sostiene Michel Foucault (Foucault 1999), la libertad es la condición ontológica de la ética, y la ética es la práctica reflexiva de la libertad.  


Luis Mantilla 


Referencias Bibliográficas

Freire, Paulo. La educación como práctica de la libertad. Buenos Aires: Siglo XXI, 2010.

—. Pedagogía del Oprimido . México: Siglo XXI, 2005.

Foucault, Michel. «La ética del ciudado de sí como práctica de la libertad.» En Estética, ética y hermenéutica, de Michel Foucault, editado por Ángel Gabilondo, 293-415. Barcelona: Paidós, 1999.

Hegel, G.W.F. Fenomenología del Espíritu. México: Fondo de Cultura Económica, 2003.

Althusser, Louis. Ideología y aparatos ideológicos de estado. 3ª. Medellín : Oveja Negra, 1976.





[1] Para esta elaborar esta nomenclatura utilicé la muy conocida cita bíblica: (Siglas del libro Capítulo, Versos). Por esta razón la cita queda así: GT (siglas de Game of Thrones)  4 (Temporada) 3 (capítulo): GT 4, 3.  

miércoles, 15 de febrero de 2017

“Odio a los indiferentes”: sobre los que votarán ‘por el que esté segundo’

En el periodo electoral por el que está pasando el Ecuador, se han manifestado diferentes fenómenos sociales referentes a la política. Por un lado encontramos a quienes se han apegado a una postura radical en contra del movimiento de gobierno, tomando como referentes a los políticos que han agarrado como bandera de crítica la larga permanencia en la presidencia de Rafael Correa, los casos de corrupción que han salido a la luz (justo en estas épocas) y/o simplemente la tan reclamada ‘alternancia’; por otro lado, están aquellos que se han dedicado a defender ‘a capa y espada’ la obra de gobierno y sus representantes, argumentando la defensa de la continuidad del proyecto de la Revolución Ciudadana. Sin embargo, también es visible (y en una medida que no es tan deseable) la existencia de grandes cantidades de gente que no se deciden todavía a votar por un candidato o candidata (a cuatro días de la fecha de sufragio) y defienden las tesis de voto nulo o aquella (muy mediocre por cierto) que sostiene que “hay que votar por el que esté segundo”.

En democracia todo punto de vista es importante. Cualquier postura representa una inclinación política o ideológica, incluso aquella del voto nulo que, desde mi punto de vista, promueve el no sentirse representado por ninguno de los candidatos. Criticar un sistema, un gobierno, determinadas acciones, documentos legales o artículos específicos de los mismos, etc.; pero proponer modificaciones, sean específicas o transformaciones totales, por medio de propuestas claramente argumentadas, con mínimos de rigor científico, y libres (en la medida de lo posible) de cargas ideológicas, es un ejercicio sano y necesario en una sociedad democrática. Lastimosamente eso no lo encontramos en el Ecuador. Me atrevo a pensar que la razón es porque la política sólo nos interesa en época de elecciones. Pero ¿por qué pasa esto?, ¿por qué no tomamos partido en la política nacional?, ¿por qué no nos interesamos por la construcción de la sociedad?, ¿no estamos en capacidad de hacerlo?, ¿tenemos miedo de hacerlo?, ¿es mejor que otros lo hagan por mí? Estas son muchas preguntas que me hago constantemente.

Al respecto me es imposible no recordar la lectura de un texto contundente del pensador cerdeño Antonio Gramsci (1891-1937) llamado “Odio a los indiferentes” del 11 de febrero de 1917, en el que defiende la tesis de que “la indiferencia es apatía, es parasitismo, es cobardía, no es vida”. La vida de una sociedad está atravesada por completo por la política. Es ella quien determina los horizontes hacia los que la sociedad opta por dirigirse. Y lo hace por medio del empuje generado por aquellos que ‘toman partido’, tanto para apoyarla y defenderla incondicionalmente, como para criticarla y mostrarle un sendero diferente por el cual incursionar. Pero ésta se ve forzada a detenerse debido aquella ‘bola de plomo’, ‘materia inerte’ que constituye la indiferencia, como expresa Gramsci. Nos dice el pensador que “la indiferencia es el peso muerto de la historia”, el mismo que en muchas ocasiones hace que desista “cualquier empresa heroica” (Gramsci 2016, 19). Lastimosamente me doy cuenta que los ecuatorianos carecemos de conciencia histórica y es debido a que creemos que la historia es algo que ya pasó, que ya fue y que no puede enseñarnos nada.

Es necesario ser conscientes de que esa indiferencia opera en la historia y lo hace con mucha fuerza. Gramsci sentencia que es ésta “la materia bruta que se rebela contra la inteligencia y la estrangula”. Es decir, la indiferencia es algo que contamina la voluntad del ser humano y lo vuelve perezoso, lento, y lo ‘ajusta’ a la sociedad. Este ajustamiento (según Paulo Freire ) permite que la sociedad se inunde en una “intransitividad de conciencia”, la misma que masifica al ser humano y obstaculiza su desarrollo individual y colectivo. Al estar inmersos en esta condición dejamos que las cosas de la sociedad se “maduren en la sombra, entre unas pocas manos”; es decir, nos mantenemos ignorantes, concentrados en el fútbol, en la televisión, en la enajenación del internet y creemos cualquier cosa que nos dicen, que vemos u oímos. Porque así es mejor para aquellos que buscan llegar al poder por la vía que sea. Así nos quieren. Mientras menos conozcan, opinen y hagan, es más fácil ofrecer cualquier cosa llamativa, con un mínimo de explicación fantástica, y conseguir seguidores que serán quienes los lleven al poder y luego sufran las consecuencias de dicha mediocridad.

Lo que nos cuesta comprender es que la historia está construyéndose día a día, que no es estática, que camina, que es dialéctica y que tiene la necesidad de evolucionar. Estamos convencidos de que llegará un momento en que todo será perfecto, que no habrá ninguna falla, que se creará un sistema que será la solución a todos nuestros problemas. ¡Pues eso no es así! La sociedad se permitirá ser lo mejor posible en tanto y en cuanto sus ciudadanos nos comprometamos con ella, sin importar la inclinación política, creencia religiosa o filosofía de vida que tengamos, y nos hagamos cargo de nuestras actividades; que realicemos bien nuestro trabajo por más fácil o complejo que sea, depende de nosotros luchar por la superación de nuestras limitaciones o hundirnos en la mediocridad. Cuando nos demos cuenta de que aquella indiferencia es la culpable de “no haber ofrecido sus manos y su actividad a los grupos de ciudadanos que, precisamente para evitar ese mal, combatían, proponiéndose procurar un bien”, la cosa cambiará. Solo esperaremos el momento del fracaso de algún proyecto para buscar a quien ‘echarle la culpa’, sin tener la entereza de hoy tomar posición.

Muchas veces he escuchado a mi madre decir “yo soy y seré conservadora la vida entera” y (aunque no comparto su inclinación política) la admiro y la respeto, y anhelo siempre reforzar esa convicción con mi inclinación política propia. Hoy veo que se convierte en un pecado o en causa de burla apoyar o no a un movimiento político. Existen, como diría Jaime Roldós, “muchos adjetivos en materia política” y lastimosamente la gente los usa sin pensar muchas veces lo que dice, sin saber porqué y si lastimará o no a quien lo recibe. Se ha dicho que “por política se han perdido amistades”, pues yo digo que si por política voy a perder la relación con un conjunto de personas que constituyen un ‘peso muerto de la historia’, que son indiferentes, que no son capaces de ‘tomar partido’ y expresar claramente su postura, y quieren que yo sea igual, pues ¡eso no lo acepto!, y siento necesario correr riesgos y superar la neutralidad en todas sus dimensiones. La crisis es una oportunidad constante que se nos presenta en la vida para tomar decisiones. Pero toda decisión implica renuncias; hasta la Biblia lo dice: “Así, puesto que eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca” (Apoc 3, 16).

“Odio a los indiferentes también porque me molesta su lloriqueo de eternos inocentes” dice Gramsci finalizando su escrito. Esto me invita a pensar que las cosas importantes de nuestra sociedad nos importan muy poco. Por esta razón nadie quiere hacerse responsable por ella. La sociedad nuestra es como aquel niño o niña “no planificado/a” que viene al mundo por la irresponsabilidad de dos personas, y que luego una (o las dos) no quiere aceptar la responsabilidad y se cometen, en nombre de la libertad, cualquier cantidad de acciones para liberar a los implicados. Así está nuestra sociedad, llena de personas que son indiferentes, que no quieren ‘tomar partido’, que aun hoy, a pocos días de las elecciones, no saben por quién van a votar o, peor todavía, votarán por el que esté segundo: sea quien sea, proponga lo que proponga (o no proponga nada). Me molesta escuchar eso de gente que conozco, que ha tenido su educación, que son o han sido universitarios y que no son capaces de dar un paso adelante y liberar la historia de ese ‘peso muerto’. Tenemos que interesarnos más por la política, porque ella está en nuestras vidas diarias y no solamente en tiempos de elecciones. Si seguimos pensando y actuando así, luego no nos quejemos de que para los políticos somos simplemente unos cuantos números más.


Luis Mantilla


Referencias Bibliográficas

Gramsci, Antonio. Odio a los indiferentes. 1º edición. Barcelona : Ariel, 2016.

Freire, Paulo. La educación como práctica de la libertad. Buenos Aires: Siglo XXI, 2010.





martes, 14 de febrero de 2017

Sobre el “Populismo”: eso de lo que muchos hablan pero no todos lo entienden

Es curioso ver cómo en la coyuntura actual de la sociedad ecuatoriana se ven manifestaciones de todo tipo. Unas reclaman mayores oportunidades de trabajo, de aumento de salario; otras rechazan todo y quieren un cambio (aunque para ello proponen regresar al pasado, ¡qué lógico! no?). Sin embargo, esto es parte del desarrollo "normal" de la sociedad en la que vivimos. Me atrevería a decir que es igual siempre; es decir, llegado el tiempo de elecciones todas y todos somos politólogos, todas y todos conocemos de las luchas de los colectivos que han sufrido opresión, todas y todos somos expertos en dar soluciones a las políticas injustas de "los gobiernos populistas...etc.". Lo peor es que de esto (se los digo susurrando) ¡los politiqueros se aprovechan!

Es mucho más curioso ver como aquellas personas "expertas" hablan y manifiestan juicios de valor con términos que (muy cautelosamente) me atrevería a pensar que ni siquiera conocen su significado. He mencionado una de ellas, que está en boca de muchas personas, pero que muy pocos podrían conocer verdaderamente de qué se trata, ya que no hay una definición exacta (al menos que yo conozca y que tenga sustento académico) la cual permita a todas y todos comprenderla. Me refiero a la palabra populismo, de la cual no me siento en capacidad de decir qué es, pero sí de dar unas pistas de qué no es. Esta palabra nos suena como un pecado; como algo que lleva en sí misma una carga semántica negativa, apegada a lo malo, a lo obscuro, a lo no-bueno: tiene un sentido, en una palabra peyorativo. 

Podemos empezar una pequeña reflexión sobre el mismo. En primer lugar, buscando la palabra en el diccionario de la Real Academia Española (RAE), la palabra populismo tiene la siguiente definición: "tendencia política que pretende atraerse a las clases populares"[1]. Entendiendo el sentido de esta definición podemos afirmar que el populismo es un fenómeno que se da en la relación de un agente político (sea un partido, un movimiento, un colectivo, etc) con las clases populares, es decir con el pueblo; estas relaciones se establecen de múltiples maneras y en varios ámbitos: político, social, religioso, económico, ideológico, etc. Es importante mencionar que los medios de comunicación juegan un papel importante tanto para quienes son sus propietarios como para quienes, desde los cargos de servicio público, hacen uso de ellos para la transmisión, en ambos casos, de sus ideas.

En segundo lugar, podemos remontarnos a las civilizaciones griega o romana para tomar de ahí un significado (que es lo que muchas personas hacen: remitirse a la etimología para aferrarse al significado inicial de las palabras; pero no toman en cuenta que estas palabras transforman sus significados de acuerdo al lugar y el tiempo desde donde se las quiera entender). ¡Pero no! Vamos a avanzar un poco más en la historia y ubicarnos en Rusia en el siglo XIX. Es ahí donde se podría establecer una experiencia que ayudaría a entender este fenómeno: surge como un movimiento en contra del Zar que reclama justicia e igualdad social conocidos como Naroniquis (no se escribe así pero me apego a la fonética), buscando la transformación de la sociedad por la vía democrática; es decir, por medio de la participación de todos los ciudadanos ejercicio libremente su derecho de participación. En esas condiciones el término populismo no tiene el sentido peyorativo que mencionábamos antes, por lo que es necesario ubicarnos en América Latina, para comprender de mejor manera de qué se trata todo esto. 

En América Latina, ya entrado el siglo XX, existen países que han estado dirigidos por líderes que han sido calificados como populistas. Se ha estudiado mucho el populismo, especialmente en la década de los años 30 y 40. Tal es el caso de Argentina con Perón, Brasil con Getulio Varga, México con Lázaro Cárdenas que, no está demás decirlo, han sido objeto de estudio y de profunda reflexión académica. De igual manera, ya en el siglo XXI se pueden ver experiencias en algunos países de América del Sur (especialmente) a las cuales se las ha calificado como populistas, pero ya en el sentido peyorativo que habíamos mencionado más arriba. Tales son los casos del gobierno de Hugo Chávez en Venezuela, de Evo Morales en Bolivia; especial mención merece la Revoluci
 ﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽ merece la Revolucioó´ o Ch populismo. ne que icado como populistas ya en el sentido peyorativo que habo pes se establón Ciudadana en Ecuador. A ésta última no solo la califican así por estar encabezada por un líder controversial, sino porque se ha acercado a las clases populares y los ha denominado “sus mandantes”.

Es importante mencionar que ha sido aquí en donde el populismo ha adquirido (o se le ha atribuido, ¡porque no es lo mismo!) este sentido peyorativo. Y el lugar desde el que viene el mismo, es aquel que está ocupado por las clases sociales más altas; es decir, aquellas que no se consideran pueblo, porque al darle el sentido “negativo, apegado a lo malo, a lo obscuro, a lo no-bueno”, es eso lo que nos dan a entender al resto de la sociedad: que ellos no son pueblo. “Por clases sociales más altas” me refiero a aquellas que históricamente se manejado el poder; aquellas que, en palabras de Foucault, son las que dominan a otros como si fueran “objetos sobre quienes se puede ejercer una violencia ilimitada e infinita” (Foucault 1999). Son las mismas que se han opuesto a las reformas políticas que se han dado, de carácter constitucional, legal, social, económico y cultural, porque afectan la política neoliberal y el dominio de la sociedad históricamente secuestrado.

No obstante, es importante que se pueda estudiar más este concepto para conocerlo mejor y saber de qué es lo que se está hablando cuando alguien califica a un gobierno o un líder político como populista. A mí me apena mucho ser testigo de que mucha gente que conozco se informa únicamente por el contenido publicado en las redes sociales tales como Facebook o (para parecer un poco más intelectuales) Twitter. Claro, es importante ver las dos caras de la moneda, por eso me permito dar un punto de vista sobre la opinión (que se ha vuelto casi “palabra de Dios”) de una politóloga llamada Gloria Álvarez. Ella ha desarrollado algunos puntos que tienen por objetivo mostrar todas las “maldades” del populismo y cita casos que también nos hemos permitido citar. Expresa que el debate político en América Latina debe girar en torno al “populismo vs la república”, ya que el populismo “se encarga de desmantelar instituciones”. Se la conoce como el “rostro bonito del neoliberalismo” (Álvarez 2016)[2], pero no sé qué formación académica tenga; claramente su ideología está aliada (me siento tentado a escribir “alienada”) a los partidos y movimientos de derecha. No estoy de acuerdo con ella.

Me permito también hacer la recomendación de un libro que me parece fundamental para comprender mejor la temática expuesta anteriormente. Es un texto que lo pude leer en una de las clases de la maestría en Sociología que realizo mientras escribo estas líneas, el cual ayuda a caminar en la comprensión del populismo. Se trata del libro de Ernesto Laclau publicado en el año 2005 que se llama “La razón populista”, el cual constituye un estudio muy serio del populismo. Este texto nos muestra un intento de elaboración de una teoría del, presentando un “análisis de la lógica de lo político y las identidades sociales a partir de indagar la racionalidad propia del populismo” (Retamozo 2006).

Hay que atender de mejor manera la situación política de nuestras sociedades. No es ni justo ni sano que solo nos interesen cuando estamos en época de elecciones. La política está presente en nuestras vida más de lo que pensamos y por eso mismo necesita ser atendida.


Luis Mantilla




Referencias

Foucault, Michel. «La ética del ciudado de sí como práctica de la libertad.» En Estética, ética y hermenéutica, de Michel Foucault, editado por Ángel Gabilondo, 293-415. Barcelona: Paidós, 1999.

Retamozo, Martín. «Reseña de "La razón populista".» Sociedad Hoy (Universidad de Concepción), nº 10 (2006): 225-229.

Álvarez, Gloria. Aprender Volando: "Populismo vs República" con Gloria Álvarez. Prod. Fundación libertad y progreso. febrero de 2016.






[1] RAE, “populismo”, consultado el día martes 14 de febrero de 2017, a las 14:31 pm en el siguiente link: http://dle.rae.es/?id=TfyMi6t
[2] Este documento es un vídeo que está en la plataforma YouTube y que circula por las redes sociales, en el siguiente link https://www.youtube.com/watch?v=MZYEFNMdxG4